Y nunca me arrepentiré de no haberlo echo...
Saqué fuerzas de quién sabe donde y encaré cada problema, cada dificultad, cada lucha, por un solo motivo:
Mi felicidad y El.
En este tiempo me he convertido en la persona madura, rebelde y testadura que siempre soñé ser.
Esa que solo veía cuando caminaba por la calle y me imaginaba situaciones y como reaccionar valientemente.
Me atribuí la responsabilidad de poder conmigo, con mis miedos, mis inseguridades, mis defectos, y me dediqué a arreglarme día a día.
No quería cambiar, simplemente quería ser mejor, mejor mujer, mejor persona, mejor hija (aunque la rebeldía nunca ayuda), mejor ser humano.
Aprender a escuchar, aprender a entender.
Entender-
Ese fue el reto más grande para mi.
Abrir mi mente y ponerme en el lugar de alguien más, en el lugar de sus sentimientos, de sus pensamientos y de sus responsabilidades.
Eso fue lo que me hizo crecer, madurar o cambiar para quien quiera así decirlo.
Me esforcé por complacer, por hacerlo feliz, por verlo sonreír. Hasta que descubrí que no era un esfuerzo... era simplemente ser feliz también con el.
Y de algo estoy completamente segura ( con la poca seguridad que tengo en esta vida )
Puedo asegurar y admitir que había un plus en el.
El era el autor de mi sonrisa más grande y duradera como de mis lágrimas más tristes y frías.
En mi corazón despareció el rencor ( si es que algún día existió ) y lo único que le nació hacer fue amarlo fuera de los limites, fuera de la razón, fuera de todas y cada una de las reglas.
5 meses y medio en los que no huí, cinco meses y medio en los que lo abracé con todo mi amor.
Y el merecía cada abrazo, cada lágrima y cada beso concedido.