Hay algo malo en sentir, cuando sientes mucho, terminas pensando mucho, así yo no lo quiera aceptar.
Y los pensamiento abruman, duelen, fomentan dudas, intranquilidad, alegrías, sonrisas, todo junto.
Pero cuando duelen, el dolor es agudo, el dolor quita esperanzas, llena de vacío cada poro.
Yo tengo ese dolor que te hace sentir sola y hasta un poquito desamparada. Nace en esos días negros, en los que todo sale mal, cuando se te caen los planes,
Los días en los que solo quieres dormir para olvidar, para acallar los malos pensamientos, cuando corres y te bañas para adormecerte, te acurrucas y te sientes tan abrumada que lo único que te nace es llorar y botar toda esa angustia que no tienes idea de donde sale.
Cuando quieres un hombro para llorar y a la vez estar sola mirando el cielo con una cajetilla de cigarros al lado llenando tus pulmones de algo evaporable.
Queriendo que tus ideas se hagan humo y deseando con toda el alma que aparezca de nuevo tu mundo perfecto.
Y piensas... la gente muere, sufre por cosas peores, el mundo sufre todos los días y yo... mi dolor se vuelve insignificante al lado del dolor de otras personas. Pero no quita que sea dolor, puede ser peor, pero de que duele, duele, sea por una estupidez, por una decepción, por simplemente una espera. DUELE.
Y de ahí me pongo a pensar... solo es un día negro, ya entrará la luz, ya tendrás ganas de pintar, ya se te irán las ganas de dormir. Ya tendrás de nuevo tu mundo perfecto.