Soñé con Paris, con cafetines y calles llenas de recuerdos.
Soñé con el olor a tinta china en esquinas humedas y rebuscadas.
Con balcones y moras colgando de las ramas.
Soñé con gladiolos y el olor me enamoraba.
Los colores, los sabores, los olores te llevan a otros mundos, a un mundo especial, lleno de dejavus y de recuerdos.
También soñé con el, pero el ya no necesitaba ser soñado.
El convertía todos mis sueños en realidad.
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