viernes, 15 de marzo de 2019

Arriesga

Mira esa oportunidad y tírate de cabeza.
Es de lo más normal que cuando estés en el borde, a dos segundos de saltar, te agarre ese miedo maldito que te regala la inseguridad innata que cada uno posee. Inseguridad disfrazada de dudas sobre ti, tus habilidades, tu dón, tu luz.
Te quedas quieta, parada, mirando a los lados, comparándote. Y no está mal, para nada mal en realidad, porque justo ahí de la nada, te llega.

Esa fuerza, esa confianza que no imaginabas que tenías, el coraje que simplemente te grita detrás de la nuca: "Dale mujer, ¿Qué puedes perder?" Ese hilo ligero de luz que se va convirtiendo poco a poco en un reflector llenando tu cuerpo, brillas.

Brillas y te crees capaz de todo, capaz de dar ese salto y mil más, de llenar tus miedos con más y más luz, derribándote a ti misma con todas y cada una de tus inseguridades.

Renace.
Si no das el salto no sabrás que está mal ni que está bien, solo te darás cuenta cuando saltes. Si fue suficiente, si falta algo más o que hay que perfeccionar. Evalúate, nada está mal y definitivamente todo puede mejorar, porqué eres tú y de todas maneras quieres brillar.

Así que hazlo, de una vez, párate en el borde de la oportunidad y espera tu empujón de propia seguridad, tu luz va a llegar. Te lo prometo.

Empápate de oportunidades, las hay de todo tipo, para el amor, para el trabajo, para tus sueños, para la vida. Están ahí, solo que a veces no las quieres ver, o te da miedo verlas porque no te crees capaz.

A veces saltar es simplemente perdonar, dar un beso, subir a un avión, renunciar a un trabajo, postular a un trabajo, sea cuál sea tu salto, disfrútalo, de la caída siempre te vas a levantar.

¿Y sabes cuál es uno de los saltos más grandes? Saltar a quererte y confiar en ti misma.

"Dale mujer, ¿Qué puedes perder?"



pd:gracias por impulsarme a hacer esto de nuevo, sabes que lo amo.

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