sábado, 30 de enero de 2021

Vuelta atrás

Hace un año y un día mi vida cambió, los días se volvieron caóticos uno detrás de otro. Un día estaba preparándome para ir a trabajar y a las 2 horas estaba tratando de pelear por la libertad de estar con la persona más importante de mi mundo en una camilla, peleando por sobrevivir. 

Las cosas se tranquilizaron y mi cuerpo se lleno de paz por unas horas, acompañadas de una ansiedad grandisima porque llegue el día siguiente y todo mejore. Me equivoque. Nada mejoró. El 30 llegó y cuando todo parecía ir mejor y siguiendo un camino positivo, el mundo choco contra mi de nuevo. Otro pilar mio se había caído. Corrí a estar ahí, confiando y rezando porque todo salga mejor. Las cosas no fueron así, me despedí de alguien consciente y nerviosa, pensando en regresar en unos minutos y a la siguiente media hora ya no estaba ahí. Su conciencia no estaba más. Aún después de que la llevaron a otro lado la fe seguía luchando con esa parte del cerebro que te prepara para lo peor.

Todo la fe termina cuando recibes una llamada a las 5 de la mañana y te das cuenta que esa parte de tu cerebro tenía razón, tienes que pararte con las fuerzas que te quedan, entrar a un cuarto frío y decir adiós mientras aún escuchas un monitor leve. ¿Cómo se dice adiós? ¿Cómo pensar más allá de tener el alma destrozada?

Mi vida dio un vuelco ese día, aguantar tanto dolor no estaba en mis planes. Recuerdo haber aguantado el llanto todo el camino de la clínica a casa con algunas lágrimas cayendo hasta sacar las llaves abrir la puerta y romper totalmente en llanto apenas toque el felpudo. 

Por el otro lado las noticias no eran fatales pero tampoco muy alentadoras.

El mundo no podía caerse a esa velocidad, recé entre llantos y mareos, rogando porque la desgracia acabara, poniendo todas mis esperanzas en que porfavor el dolor parara de alguna manera. De alguna manera tenía miedo, miedo de ver a alguien más de mi familia irse en tan poco tiempo, la cobardía se apoderó tanto de mi, las fuerzas se me fueron y llegué a no sentir nada, ni el sofocante calor de un 1 de febrero.

Papá se recuperó luego de 15 días y volvio a casa dándome la paz más grande de mi vida, regresandome un poco de la vida que había perdido. 

Mamama se fue y a la vez no, mamama se quedó en mi como hoy en cada cuadra camino a su casa. La recordé ahí sentada cuidando y viendo a mi abuelo por encima del hombro, leyendo el diario en la sala de estar comentado las noticias del día, o viendo alguna serie de televisión sonriendo. Ahí sentada sentí ese calor en la boca del estómago y no pude evitar soltar un par de lágrimas imaginando que hace un año ella estaba ahí sentada seguramente sonriendo en algún momento simplemente siendo ella. 

A pesar de todo mi abuelo aún está sentado ahí, reconociéndome y mandándome besos volados de despedida por una maldita pandemia que impide que lo pueda abrazar como en verdad quiero en un momento así. 

La conclusión es que a pesar de saber que definitivamente estás en un lugar mejor, carajo cómo me gustaría tenerte una vez más y tomar tu mano para tranquilizarte como hace un año. Que sepas que no hay dolor ni miedo, que sepas todo el amor que te llevaste. Te quiero y ojala algún beso te llegue ahí, en alguna estrella de donde nos cuidas. Te quiero. 

Pd: espero que el día que nos volvamos a encontrar me recibas, entre cosquillas cuando te abrace fuerte como toda mi vida.

Pd2: Papi, gracias por luchar y estar, no tengo un pilar mas grande que tu por el cual seguir en este mundo pandémico y horrible. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario