Desde los 18 tuve la sensación que los 23 serían inolvidables.
Y por ahora lo son, pero no como me los esperaba hoy en día. No había conocido la presión ni la responsabilidad, no había extrañado ni ansiado un abrazo hasta hoy. No habia sentido las cachetadas de desprecio hasta hoy. No había pensado lo infeliz que se podía ser hasta hoy.
Mi vida era un títere en la manos del destino, y mientras me deparaba tragedias e inconvenientes, yo me mordía la lengua tratando de contener la vida que queria gritar, las palabras no dichas a cada uno, las que me ahogaban por la noche.
Los siete atardeceres que vi sin sentir una pizca de estremecimiento, las lunas que solo me dieron melancolía.
Pero llegó Noviembre... Y me comenzó a despertar, a bajarme del tren de la desesperación.
Llegó con ese sol chillante en las tardes, las tardes que me sentía tan cálida. Las tardes que extrañaba tanto salir a caminar.
En vez de eso, me sentaba a ver la hipocresía de la gente.
Todo el mundo en declive, la importancia del poder sobre las personas. La importancia del dinero y la posición social, en la que sinceramente espero nunca estar.
Espero realmente tener hijos, cuidarlos y poder alejarlos de esta sociedad de mierda, pero sé lamentablemente que la mierda siempre se hace lucir.
Me encantaría criarlos de una manera humilde, sin que les falte nada, ganandose cada cosa. Para que aprendan el significado de las cosas y no juzguen a nadie por lo que tiene o no.
Así me criaron a mi, y hay que decirlo... Me habré quejado tantos años de cosas que no tuve, pero ahora se valorar cada cosa que tengo. Nunca me cansaré de agradecer a mis padres por haberme criado de tal manera.
Y como decía... Ahora me siento aquí a mirar como la gente que supuestamente se quiere, se mete puñales por la espalda, hablan mal los unos de los otros con los otros... Como si este fuera un concurso de a quien dejar peor.
Porque ya no existe la comunicación, es verdad, pero tampoco la inteligencia para como sobrellevar una conversación.
Yo me pregunto:
Y en estos tiempos... Cuando te mueras... ¿Lo único que llevarán las personas a tu cajón son rencores olvidados y cuchillos que se quedaron por enterrar?
Y eso... Si es que alguien te quiso de verdad como para ir a velar tus restos y llorar cuanto te quiso.
El mundo se está llendo a la mierda... sí, pero no porque el cielo ya se terminó de contaminar.
Nosotros somos los contaminados, hemos perdido la gentileza y el amor y la hemos cambiado por egoismo y pudor.
Mis 23 me están golpeando más fuerte cada día.
Y cada golpe que me dan, sé que es una lección más que aprender y acciones que nunca debo seguir.
Gracias vida, gracias por enseñarme el mundo de una manera directa, sin cortinas de humo. Simplemente gracias por darme ojos con un don de ver más allá.
Y cada golpe que me das querida, es una gota más a mi esperanza de que algún día no muy lejano... Todo mejorará.
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