Soñó la noche entera con el, en un día de mil colores, en una tarde cálida y en un atardecer que quemaba con verlo.
El, dudaba si retenerla o no cuando terminaba el día, sus ojos se lo gritaban pero el no se atrevía a mirarla más que por dos segundos. Al contrario ella lo miraba con ternura queriendo darle a entender un "todo está bien".
El nunca se imaginó la magnitud de esa frase, ella aún lo tenía en su corazón, y aunque pasaran días, semanas, meses, años, aunque lo olvidara por completo, con solo volver a verlo, escuchar su voz, sentir su aroma y sus abrazos, ella lo volvía a querer.
Desde ese momento todo volvía a ella, como por arte de magia salian las risas y carcajadas que le salían del corazón sin darse cuenta, los ojos le brillaban después de abrazarlo, se sentía feliz mirandolo como tonta y luego sonrojandose, hablando y compartiendo, comiendo, peleando, siendo uno solo.
Ella dejó de esperar que el diera a conocer lo que sentía, dejo de importarle, no le importaba si todo eso era recíproco o no... ella solo sabía quererlo y punto.
Sabía como quererlo y eso la hacía feliz... y hasta a veces creía que lo hacía feliz.
Después de largo de un largo rato de conversar, el no la soltó hasta sacarle un te quiero. Ella se lo dijo con demasiadas ansias y salió corriendo con todos sus huesos explotando de alegría, las mejillas llenas de un color brillante y los ojos húmedos, solo sobreparó cuando escuchó su voz a lo lejos susurrando: "yo también te quiero"
Ella despertó sonriendo, pensando en cuanto lo podía extrañar.
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