Nadie nos lo quitará. Nunca dejarás de ser lo mejor de cada Noviembre.
Tampoco me olvidaré de los cielos completamente celestes tan extraños mientras me engreía en un malecón, luego de escuchar las olas chocando contra las piedras, sonaban así como acostumbra sonar mi corazón cuando me miras tiernamente. Y las lunas gigantes y preciosas que he visto pensando en ti.
No me atrevo a hablar de la millonada de estrellas que he mirado, pidiéndoles que te traigan un segundo entre sueños, y los sueños tan reales que alguna vez tuve contigo.
No, no eran sueños, eran momentos perfectos que se merecían esa definición, eran dos manos entrelazadas y un calor irregular, eran mi ganas de abrazarte y aferrarte a mi alma.
Era mi forma de desaparecer el mundo cuando cerraba los ojos al lado tuyo, nada importaba, todo se iba, y con todo se iban mis temores también, y te sentía ahí, queriéndome de cierta manera.
Yo estoy bien, queriéndote como nunca, y tratando de recordar para siempre cual fue mi último intento, mi última vez, mi último beso, mi único amor.
Te dejo mis sueños colgando de una estrella, inundando la luna, te dejo mi amor para ti y para siempre, te dejó París para que algún día lo entiendas.
SIEMPRE. Nosotros sí podemos, y esa promesa nunca se va a romper, porque fue la única y la más difícil de creer. Mi vida pasará y derrepente cambiará, pero tu eres mi tatuaje de por vida.
¿Y si me pintas a brochazos el camino por seguir?
También dibujame sonrisas en los labios llenandome de besos, los quiero, quiero engreirme y refugiarme en lo que no tengo, encapricharme y que me susurres cosas innombrables al oido, quedarme dormida, echada, hundida en tus brazos y sentirme cálida al máximo extremo.
Quiero un beso en la mejilla que arda para siempre antes de cerrar los ojos, llename con costumbres locas, de caprichos mios, de emociones nuevas.
Quiero oler el cariño que sale de mis poros, sentir tu respiración a un lado de mi espalda, saborear en mi boca el dulce que me causa besar tus pestañas, tocar tu nuca y sentir yo la sensaciones, escuchar tus latidos y darme cuenta de porque se causa lo que se causa en mi, y por último que? verte a los ojos y olvidarme del mundo entero.
Y ahora último me embriago en canciones corriendo por las calles como una loca pastrula. Gracias.
Pamela tenía dos palabras clavadas en el corazón, y miles de sueños en las manos, pero se sentía inutil y sin poder hacer nada, esa noche ella se rindió, se rindió por completo, y es que su cuerpo ya no podía luchar más.
Su alma seguiría envuelta en los recuerdos para siempre, pero ella respetaba las desiciones, aunque fueran ilógicas y para mal. Esa noche ella sintió unas ansias locas por abrazarlo mientras el decía cosas importantes pero hirientes, quería correr abrazarlo, y callarlo de un beso, lo demás el tiempo lo iba a dictar.
Ella callaba solamente y asentía, pero dentro quería luchar como nunca, quería sacar todo lo que tenía adentro durante varios meses, y fue cuando ella recordó que solo importaba la felicidad, su felicidad, y su felicidad era verlo feliz. Ella podía llevar bien el no estar con el, pero el que desapareciera de su vida no, esa idea era insoportable para ella, le tenia pavor.
Eso significa que ellos nunca iban a poder reir juntos de nuevo tan solo hablando tonterias, ni tampoco podrían ir a la playa a escuchar tirados en las rocas el sonido del mar mientras mataban mosquitos, no podrían embriagarse juntos en un rincón especial a contar chistes, a jugar cartas, o simplemente a conversar y darse besos prohibidos totalmente perdidos y euforicos. ¿Nunca más iban a poder tirarse a ver televisión abrazados tan solo conversando? ¿Donde se iban a ir las conversaciones infinitas del sentido de la vida o de cuanto puede vivir una ballena? ¿A dónde se iba a ir el sentido del humor que el le producía a ella? ¿Dónde iban a quedar las buenas compañias y la confianza inmensa que existía? ¿Dónde iba a ir ese amor tan puro que ella le tenía? Cuando ella se rindió, solo pensó en guardar ese amor, no darle a nadie el mismo. Ella no quería probar más, era inmensamente feliz con lo que habia tenido, y tambien lo había perdido.
Su solución era llenarse de momentos sin importancia que la hicieran distraer, pero fracasando, en las noches, se dormía pensando... en cuando esos ojos la abrigaban y la protegían de todo, esos ojos que ahora Pamela había dejado ir.
ENCENDÍ UNA VELA, SE ESCUCHARON PALABRAS DE ALIVIO Y SE DIBUJARON MILES DE ESTRELLAS DE LUZ EN MI TECHO.
Fue un fin de semana... ella estaba tranquila en su cuarto, pensando en las cosas que tenía que hacer comenzando la semana, se aburrió en un momento, ya no lo sentía raro... era común aburrirse, ya era normal, entonces pensó.
Recordar me va a poner feliz.
No sabía si arriesgarse a desenterrar sus recuerdos, los miró y lo volvió a mirar, dudando horas de horas.
Hasta que al final a la mitad de la noche, los abrió...
Comparó de una manera cruel los momentos de ese entonces con los actuales.
El corazón se le hincho y cayeron lagrimas... no había punto de comparación con la felicidad que sentía en ese entonces.
Fue leyendo una por una todas las cosas en su cabeza, tocando cada uno de los recuerdos con la punta de los dedos, eso la destruía pero le hacía sentir la realidad.
Le hacía recordar todo el amor que un día tuvo en las palmas de sus manos.
Hubo un momento en el que ya no quería recordar más. guardó todo sin ver, prometiéndose no volver a abrir su mente a recuerdos pasados.
Era la verdad
Era su pasado, su pasado más bonito.