Nunca pensé que pasarían las horas, los días, los meses, los años.
Probé personalidades, labios y otros tipos de amor, y ninguno lograba lo que su amor lograba en mi.
Su personalidad tan infantil y dura, tan dura y tan frágil.
Sus manos jalando las mías y el cosquilleo en mi vientre.
Los detalles menos románticos que pudieran existir, me los daba el, haciéndome feliz.
Su sonrisa siempre me volvió una persona plena, completa, pensando que esa era mi misión ahí.
Simplemente hacerlo un poquito feliz.
Era mi forma de agradecer.
Las gracias por hacerme jodidamente fuerte, perra y valiente.
Nunca lo hizo con alguna intención, pero lo logró; logró volverme tan dulce como tan hija de puta.
Yo podía vivir sin el. Por supuesto que sí.
Pero solo eso, vivir... Vivir sin soñar.
Y yo solo quería soñar con sus abrazos y con su forma de amar.
Suena demasiado estúpido, pero el me daba fuerzas, ganas, pasión por vivir más bonito.
Y que me repitan mil veces más que nada es verdad.
Y que mi inseguridad me torture cada día más.
Y que brinden otra noche con un vino más.
Mi corazón lo eligió hace mucho tiempo,y aunque el miedo me mate y las heridas me duelan, el tiene mi corazón y no tiene ni más mínima idea.
Un salud más, corazón.
Una estrujada más a mi corazón.
Y que el destino quiera que esta sea una temporada más grande de amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario