Un beso a la luz del sol con el cielo latiendo y reflejándose en un mar poco contaminado.
Un beso que no se olvidó.
Un momento importante de promesas de mundos y amores más bonitos.
La clave maestra para combatir la infelicidad.
Su fuerza en mi y la mia en el.
Mi amor desbordante y mis ganas de jugar con el y con la vida.
Anécdotas, gritos de emoción, risas frente al mar, esa forma de caminar como imbécil cuando estás embobada.
Ahi yo... Caminando delante de el, moviendo los pies e imitando sus movimientos como si formaramos parte de un campo magnético.
Sintiendo el mar en los pies a la orilla de una playa de piedras.
Con esa sensación de satisfacción, de que no te falta nada, que todo lo que te sobraba se lo había llevado el mar. Sonreir y capturar ese momento, saborearlo.
Luego correr, jugar, huir los dos agarrados de la mano sin saber donde ir, como siempre, aventurandose a algo más bonito.
Ella enamorada hasta los huesos, con la vida y los problemas detrás perdiéndose en la bruma.
Dando todo de si misma, porque ese es el interruptor de todo.
Tener alguien al lado y que te fluya ser mejor ser humano.
Y todo terminaba en mi pelo... Siendo jalado suavemente mientras me dormía y guardaba lentamente cada instante como una foto en mi cabeza.
Y la foto de un verano perfecto. El con sus lentes oscuros y yo subiendo un malecón, los dos con la complicidad que nada nos podrá quitar, con la que hoy tenemos la conchudez de reir y ser un poco felices.
lunes, 1 de diciembre de 2014
Hay cosas tan bonitas
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