Despacito cuando tu dormias venian olas de sabor a sal... Y la sed te embriagaba cada segundo, secando tu garganta y cada mañana al despertar, la sal caía de tus ojos y tu no la podías parar. Y lloraste tanto que te dolieron los labios cuando se resecaron por no tener más fuerza. Y fuiste sacando así todo de ti.
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