La muerte es una herida que nunca cerrará, punzante y eterna, como solo ella sabe ser. La muerte es la mejor cura para el mal de memoria, diariamente te manda a momentos eternos, felices, tristes.
Y parece mentira, la vida cambia, te golpea.
Golpea tan fuerte, que cuesta tanto levantarse, como si las rodillas ya no te dieran más, como si tus ganas de seguir con todo estuvieran esparcidas por algún rincón, escondiéndose de ti.
Y yo estoy aquí, ahogándome, me he caído, y he olvidado como flotar, he olvidado como ser liviana y sensible.
Y el día que me pueda levantar... siempre sabré que la muerte llegará de nuevo, y me golpeará igual o más fuerte que ahora, tirándome en el suelo, rompiéndome esperanzas, fracturando memorias.
Y cada día recuerdo tu forma de llamarme con tu risa, diciéndome que ya no voy a la casa, porque me he vuelto una pituca regia y lacia, como debe ser.
No sabes lo orgullosa que puedo estar de ti y de tu fuerza, siempre tu, tan tu, a tu manera, hasta siempre Titi.

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